Sombras de la verdadبقلم رؤيا المناعي فصل 1

sobre verde

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Ya había pasado la medianoche en el despacho de Nadia. El silencio en el edificio administrativo era aterrador, solo lo interrumpía el leve zumbido de los ordenadores. Nadia, la ingeniera que había pasado años de su vida levantando muros y casas, no sabía que un muro de secretos estaba a punto de derrumbarse sobre su cabeza.

Unos golpes suaves en la puerta la hicieron sobresaltarse. El vigilante anciano entró, con el rostro pálido bajo la luz mortecina del pasillo. Dejó un sobre verde oscuro sobre su escritorio y dijo con voz ronca: —Lo encontré en la entrada principal, solo lleva escrito su nombre—. Nadia miró el sobre; era de un color extraño, su tacto recordaba al cuero viejo y no llevaba ningún sello postal ni nombre del remitente.

En cuanto vio la letra con la que estaba escrito su nombre, sintió un frío que le recorría los huesos. —¡Es la letra de mi padre! —susurró para sí con terror. Su padre, que había desaparecido en circunstancias misteriosas hacía más de veinte años, dejando tras de sí cientos de preguntas sin respuesta. Abrió el sobre con mano temblorosa, de él cayó una llave oxidada pesada, de dientes complejos y extraños, y con ella un pequeño papel cuidadosamente doblado.

No encontró una carta larga, sino una sola frase grabada profundamente en el papel: —La verdad está escondida en el lugar donde todo comenzó... Ve a la Casa de la Costa, tienes la llave oxidada y el tiempo no está de tu lado—.

Nadia no dudó. A primera hora de la mañana había dejado atrás el bullicio de su vida habitual rumbo a aquella casa abandonada situada en una zona aislada, lejos del ruido de la gente. Los recuerdos la persiguieron durante todo el camino; imágenes de su padre riendo y su última imagen al salir de casa con el gesto preocupado para desaparecer después para siempre.

Llegó a la casa al atardecer. Era una construcción antigua de piedra asomada a un alto declive, rodeada de árboles secos que parecían custodiar los secretos del lugar. El silencio allí tenía un peso extraño, como si el propio aire se negara a moverse. Nadia caminó hacia la enorme puerta de madera y sacó la llave. Introdujo la llave en la cerradura y respiró hondo. —Tic—... la puerta se abrió con un largo chirrido que desgarró la quietud del lugar.

Nadia entró iluminando con la linterna del móvil. El olor a humedad y a polvo era asfixiante, y los muebles estaban cubiertos con sábanas blancas que bajo la luz de la linterna parecían fantasmas silenciosos que la esperaban. Empezó a recorrer el gran salón, buscaba cualquier cosa, cualquier pista. De pronto, casi se le detuvo el corazón... el haz de su linterna había captado algo extraño en un rincón de la estancia.

Había un escritorio de madera, pero no estaba cubierto de polvo como el resto de los muebles. Estaba completamente limpio, ¡y sobre él había una taza de café de la que aún se elevaba suavemente el humo! Nadia retrocedió dos pasos, con la respiración acelerada. —¿Hay alguien aquí? —gritó, pero el eco fue su única respuesta.

Se acercó al escritorio con extrema cautela, y junto a la taza encontró una fotografía muy reciente. La sangre se le heló en las venas al mirar la foto... ¡era ella, de pie frente a su escritorio en El Cairo apenas el día anterior, y en el fondo de la imagen se veía una mano extraña que sostenía un sobre verde!

Y de repente, antes de que asimilara lo que veía, oyó el sonido del pestillo de la puerta exterior al cerrarse desde fuera muy lentamente... Luego la linterna de su móvil se apagó por completo como si la batería se hubiera agotado en un instante. En la más absoluta oscuridad, oyó una respiración pesada justo detrás de su oído y una voz masculina y profunda que susurraba unas palabras que hicieron temblar su cuerpo: —Te equivocaste al venir, Nadia... Ahora ha empezado el juego de verdad—.