La puerta del aislamiento: 120 gradosبقلم لُہجہيہن 🥀?🇱🇾? فصل 2

Parte 2

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Ya no se trataba del bloqueo de la escritura. Se trataba del bloqueo de la voluntad.

En los días que siguieron a la noche de su llegada, la cabaña se convirtió en una prisión que se ceñía sobre ella. El estrecho camino de tierra que conducía al valle se había transformado en un lodo pegajoso a causa de las lluvias torrenciales, lo que hacía que intentar huir en su viejo coche fuera casi imposible. Peor aún, no había cobertura para el teléfono móvil; el pesado silencio del bosque era la única línea de comunicación, que a menudo se confundía con el triste gemido del viento que remedaba susurros.

Pero lo que la distraía de la soledad forzada era la inspiración envenenada.

Mariam, la racional entrenada en la lógica, intentaba encontrar una explicación. ¿Un fallo en el cableado? ¿Una vibración en los cimientos de la cabaña? Pero cada vez que intentaba ignorar el asunto, el armario cerrado la sorprendía con un sistema preciso de golpes secos que no podía ser una mera coincidencia.

Una noche de trabajo, mientras Mariam escribía una frase anodina en la novela de terror que le estaba siendo dictada, salieron del armario tres golpes secos rápidos y consecutivos: «golpe seco, golpe seco, golpe seco». Mariam sintió un pinchazo extraño en los dedos. Una sensación oculta la empujó a cambiar la frase, y sus dedos terminaron escribiendo la palabra «miedo» en lugar de «tristeza». De pronto, los golpes secos se detuvieron y comenzó la vibración leve de siempre, como un aplauso silencioso ante un buen logro.

Mariam comprendió lenta y aterrada: el armario hablaba en el lenguaje de «la aprobación y el rechazo».

Un nuevo experimento confirmó sus sospechas. Mariam intentó introducir en la novela un detalle lógico y familiar de sus antiguas obras policiacas. En cuanto escribió la frase, se impuso un silencio absoluto y repentino, un silencio pesado y aterrador que le cortó la respiración. Sintió que algo la castigaba, y sus dedos quedaron paralizados sobre el teclado. La inspiración no volvió a fluir hasta que borró la frase «equivocada» y regresó a describir las escenas oscuras.

La cosa no se detuvo en el sonido. Cada vez que Mariam se adentraba en la escritura de una escena inspirada por el Ente, sentía el frío glacial que se trasladaba desde el armario para helarse precisamente en sus dedos. En el clímax de la escritura, veía sus manos moverse sobre el teclado con una destreza asombrosa, escribiendo frases profundas y espeluznantes, pero sentía que esa mano ya no le pertenecía. Observaba sus dedos moverse a una velocidad dolorosa, como si el Ente la utilizara como una pluma humana.

Y el mayor impacto estaba en el contenido de la novela. La novela no era solo fenómenos sobrenaturales, sino que empezaron a aparecer en ella detalles precisos y dolorosos que nadie conocía sobre el caso de la desaparición de su hermana menor. En uno de los párrafos, el Ente insistió en describir una escena de la novela que coincidía exactamente con un lugar oculto donde Mariam se encontraba en secreto con su hermana menor.

El frío glacial guio sus dedos para que escribieran: «El peor tipo de fracaso no es buscar la verdad y no encontrarla... sino encontrarla y comprender que no pudiste salvarla».

Mariam dejó de escribir, temblando no de frío, sino por la confesión forzada. Comprendió que aquel Ente no le concedía la fama, sino que la obligaba a consignar su culpa y a trasladar su conflicto íntimo ante todos. Su novela no era solo una novela de terror, sino que se había convertido en un relato sobre su fracaso personal.

Mariam miró el armario cerrado con clavos oxidados. Ya no se preguntaba por el Ente. Se preguntaba: ¿es este el precio que debo pagar para salvar mi alma del silencio?

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