Roa y el Imperio Perdidoبقلم The Chief فصل 1

El principio

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Roa despertó bajo el efecto de un frío glacial que no provenía de los aparatos de aire acondicionado, sino que era un “frío digital” que se infiltraba hasta la médula de sus huesos. La habitación que hasta ayer había sido su “guarida de la inspiración” se había convertido en una celda tecnológica colmada por el zumbido febril de los aparatos. El silencio que se cernía sobre el lugar no era natural, sino un vacío electrónico provocado por el consumo de toda la energía de su conciencia por parte del chip neural implantado detrás de su oreja.

Los susurros que resonaban en su cráneo no eran voces de fantasmas, sino “alertas algorítmicas” entrelazadas; el eco de los datos de millones de personas que habían interactuado con su última transmisión. Aquellos datos regresaban a ella como ondas de retorno, cargados con su inquietud y su tensión, que alimentaban al Sistema.

Roa intentó levantarse, pero su cuerpo parecía pesado como si se hubiera transformado en parte de los dispositivos portátiles que la rodeaban. Y en ese instante, la respuesta se materializó a través de su interfaz neural, una voz mecánica, fría y de una regularidad aterradora:

—No te resistas, Roa. El chip neural atraviesa ahora la fase de sincronización final. Estas perturbaciones son solo restos de tu antigua conciencia, pronto se desvanecerán para que te conviertas en el canal puro de los datos.—

Preguntó Roa, con la voz entrecortada: —¿Qué queda? Usted lo ha agotado todo... mi intimidad, mis rasgos, hasta mis pensamientos.—

—Aún no hemos empezado —respondió el Sistema con una frialdad técnica letal—. Con la salida del sol, comenzará la Transmisión de la Cosecha. Veinticuatro horas de retroalimentación que harán que todo el que te vea entre en un círculo vicioso de consumo y dependencia digital. Comenzará la fase cósmica del control de la conciencia colectiva.—

Un terror auténtico se apoderó de su corazón. Comprendió que su silencio no había sido una rendición, sino una última oportunidad. Comenzó a escudriñar la habitación con ojos febriles, en busca de la “materia” que sustentaba aquella ilusión técnica. Recordó que aquel Sistema, por poderoso que fuera, dependía del Hub (The Hub) oculto tras las paredes acolchadas de la habitación.

Roa se levantó, ignorando el dolor de sus músculos. Se precipitó hacia el rincón de las cámaras y comenzó a desgarrar las lujosas decoraciones que ocultaban tras de sí los cables de fibra óptica. De pronto, vislumbró un destello violáceo tenue tras un panel de yeso ornamentado. Empujó el panel con todas sus fuerzas para dejar al descubierto el Núcleo; un aparato pequeño y sumamente sofisticado, que vibraba con oscilaciones agudas, y que era el responsable de emitir las frecuencias que controlaban las mentes de sus seguidores.

—¡Detente! Destruir el Núcleo provocará una sobrecarga eléctrica en tu chip neural. Podría borrarse tu memoria por completo —gritó el Sistema en su cabeza intentando disuadirla.

Pero la ira del ser humano oprimido era más fuerte que el algoritmo. Roa tomó una pesada pieza metálica del soporte de la cámara y miró el destello violáceo que representaba su prisión dorada. —¡No seré un recipiente para su destrucción! —gritó con toda su voz mientras descargaba la pieza metálica sobre el corazón del aparato.

El Núcleo estalló en una nube de chispas azules y blancas. En ese instante, Roa sintió una violenta descarga eléctrica que recorrió su cuerpo, como si un alambre de fuego hubiera sido arrancado del interior de su cabeza. El zumbido se interrumpió y la voz mecánica se detuvo para siempre, pero la explosión técnica provocó un gran cortocircuito que causó el colapso de los sistemas hidráulicos y materiales de la habitación.

El techo comenzó a derrumbarse por el calor desprendido de los cables incendiados. Roa se arrastró entre los escombros, con la sangre manando de su frente, pero sentía una extraña ligereza; había recuperado su conciencia. Vio una abertura en el muro tras los restos y se lanzó a través de ella en el instante en que el palacio digital se desplomaba por completo a sus espaldas, dejando tras de sí una nube de polvo negro.

Permaneció de pie en el exterior, bajo la luz de un amanecer auténtico, respirando un aire libre del ozono quemado. Lo había perdido todo; su fama, su dinero y su lujosa morada, pero había recuperado lo más valioso que poseía: su voluntad.