El hombre que me enseñó la vida
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Mi abuelo materno no era una persona cualquiera en mi vida.
Era el principio de todo lo hermoso que conozco.
Me tomaba de la mano cuando tropezaba,
se reía cuando me equivocaba y luego decía:
"La vida no castiga a quien aprende… sino a quien se detiene."
Me enseñó a enfrentar el miedo,
a sonreír incluso en los días difíciles,
y cómo dibujar el mundo aunque doliera.
Siempre me sentaba a su lado,
dibujaba mientras él me observaba con orgullo silencioso.
No sabía que su presencia…
Es la lección más grande que puedo vivir.
Y de pronto…
sus rasgos empezaron a cambiar un poco.
El cansancio se hizo visible en su voz y en sus pasos.
Al principio no entendíamos…
pero su estado empeoraba.
Lo llevamos al hospital,
y las palabras del médico fueron pesadas, frías:
"Encomiéndenlo a Dios… no podemos hacer nada más."
Volvió a casa a los pocos días,
pero ya no era como antes.
Sonreía, sí…
pero su sonrisa parecía una despedida.