Llamadas misteriosas
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En un día soleado de primavera, Tala se despertó como de costumbre, pero algo era distinto esta vez.
Sintió un frío extraño recorrer su cuerpo, como si no viniera del exterior sino de su interior.
Intentó abrir los ojos con dificultad, como si sus párpados pesaran más de lo habitual.
Miró el reloj.
Las 12:00 del mediodía.
Cinco horas más de sueño, pero no sintió ningún descanso.
Ya no le importaba la hora.
Sin responsabilidades.
Sin obligaciones.
Y nada la esperaba.
Desde que perdió a su familia, su vida se había quedado completamente vacía.
Se levantó lentamente y sintió un leve dolor en la espalda.
No era solo un dolor físico, sino un agotamiento interior inexplicable.
Se preguntó en silencio:
¿Lo que siento es real… o me lo estoy imaginando?
Pero no esperó respuesta.
Se dirigió a la cocina y se preparó el café en silencio.
Se sentó frente a la mesa, bebiéndolo sin pensar.
El tiempo pasó lentamente.
No notó que el sabor era extraño.
Amargo, salado.
Había puesto sal en lugar de azúcar.
Pero no se dio cuenta.
Como si los sentidos hubieran perdido su significado.
Y de repente… sonó el teléfono.
Su mano se detuvo.
No sonaba desde hacía meses.
Número desconocido.
Abrió el mensaje.
Una foto.
De ella.
Ella bebía café ahora.
En el mismo instante.
En el mismo lugar.
Desde el mismo ángulo.
Pero la foto había sido tomada desde muy cerca.
Y debajo una sola frase:
¿Te gusta el sabor de la sal?
El teléfono se le cayó de la mano.
Su cuerpo se quedó helado.
Luego el teléfono vibró por sí solo.
Mensaje nuevo:
Ya no te observo desde lejos.
Levantó la mirada lentamente hacia la habitación.
El silencio era antinatural.
Pesado.
Luego se oyó un leve ruido procedente de la cocina.
Tac… tac…
Un paso.
Luego silencio.
Tembló.
—¿Quién hay ahí?
Sin respuesta.
Luego la luz de la cocina se apagó durante un segundo… y volvió.
Pero la sensación cambió.
Como si alguien hubiera estado allí.
Luego se fue.
Se acercó a la puerta lentamente, hasta que notó un pequeño arañazo en ella.
Se acercó más.
Vuelve a tus recuerdos… me encontrarás allí.
Tembló.
—¿Recuerdos?
De pronto su cabeza empezó a dolerle.
Imágenes entrecortadas.
Voces antiguas.
Un accidente… gritos… luego vacío.
Retrocedió llevándose la mano a la cabeza.
—No… —susurró.
Pero el teléfono volvió a sonar.
Una llamada.
El mismo número desconocido.
Un nombre apareció automáticamente en la pantalla:
Recuerda
Cayó al suelo.
La voz al teléfono no sonaba natural.
Había algo más detrás.
Un susurro muy cercano:
—Todavía no has terminado con la verdad, Tala…
Luego la voz se cortó de golpe.
Pero el teléfono no dejó de sonar.
Timbrazos repetidos.
Una vez tras otra.
Arrojó el teléfono lejos.
Pero los golpes en la puerta comenzaron.
Un golpe.
Luego otro.
Más lento… más cerca…
—¿Quién es?
Sin respuesta.
Se acercó a la puerta.
Puso la mano sobre ella.
Vibró con una fuerza leve.
Luego una voz muy tenue:
—Vuelve a tus recuerdos…
Retrocedió.
Pero el picaporte se movió lentamente.
Una vez… y luego otra.
Como si conociera bien la puerta.
No para forzarla… sino para recordarla.
Luego reinó el silencio.
Pero la voz no había terminado.
Sino que llegó desde detrás de la puerta:
—Yo lo sé todo sobre tu familia…
—Y quién lo mató…
—Y cómo…