La rutina del traidorبقلم AL7R فصل 2

La huida de la oscuridad

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En cuanto gritó así todo mi cuerpo se estremeció y el corazón se me encogió, sobre todo con la palabra entendido que dijo con rabia y en voz alta, y de pronto me encontré escuchando en mi cabeza la voz de otra persona que me decía lo que yo diga se hace ¿entendidooooo? No fui consciente de mí misma hasta que me encontré gritando y Safiya me ponía una inyección en el suero que tenía puesto mientras le gritaba a Diab, en cuyo rostro se veía la preocupación y el miedo, y me hundí en una oscuridad en la que no oía nada más que la voz de alguien que me aterraba mientras me decía

—Lo que yo diga se cumple, yo no soy Asim para repetir dos veces lo que digo ¿entendidoooooo?

No supe al cabo de cuánto tiempo me desperté, abrí los ojos y encontré a Safiya a mi lado.

—Sumaya, por fin te despertaste, ¿cómo te sientes? Tranquilízame —dijo Safiya con ansiedad.

—Dolor de cabeza —dijo Sumaya con los ojos entrecerrados—, cada vez que abro los ojos siento un dolor muy fuerte.

—Vale, espera un segundo, voy a llamar al doctor Maher y vuelvo contigo —dijo Safiya.

—No, no, no me dejes sola, no vaya a entrar a gritarme otra vez, no me dejes, por favor —dijo Sumaya con miedo.

—Cariño, cálmate, le pedí que se fuera de todo el Hospital y además ¿a qué viene tanto miedo? Si tú le plantaste cara desde el principio, ¿por qué en cuanto levantó la voz te pasó eso? —dijo Safiya extrañada.

Sumaya negó con la cabeza. —No sé, no sé, yo... yo tuve muchísimo miedo.

—Vale, tranquila, ya se fue del todo y me aseguré con el personal de seguridad de que salió de todo el Hospital, así que cálmate y déjame llamar al doctor Maher, ¿puede ser? —dijo Safiya con ternura.

Asentí con la cabeza sin decir nada, yo misma no sabía por qué tenía miedo. No tenía ninguna respuesta y al poco tiempo salí del Hospital con Safiya camino a su casa y mientras íbamos por el camino Safiya intentó hablar conmigo de cualquier tema para que dejara de pensar un poco hasta que de pronto se calló y en su rostro se notó la angustia.

—¿Qué te pasa, Safiya? —dijo Sumaya.

—Siento que hay un coche que nos viene siguiendo desde que salimos del Hospital —dijo Safiya.

—¿Cómo dices? ¿Estás segura? —dijo Sumaya.

—No sé... Mira, de todos modos ya llegamos, venga y que Dios nos proteja —dijo Safiya.

Me bajé con ella sintiendo que quien nos vigilaba era Diab, por qué sentí eso no lo sabía, era como si solo funcionara mi intuición y mi cabeza estuviera totalmente parada y vacía... Entramos en un edificio y subimos a un piso que era muy acogedor, los muebles y los colores eran sencillos y reconfortantes.

—Me iluminas la casa, Sumaya, pasa, adelante —dijo Safiya.

—Gracias, perdona otra vez por la preocupación que te causé —dijo Sumaya.

—¿No habíamos quedado en que entre nosotras no hay esas formalidades?... ¿Quieres descansar un poco mientras preparo la comida? —dijo Safiya.

—No, ya descansé muchísimo, ¿puedo ayudarte? —dijo Sumaya.

—Claro que sí, por supuesto, ven, vamos, que Seif vuelve del trabajo muerto de hambre y si no encuentra comida me puede amargar la vida —dijo Safiya.

—¿Seif es tu hermano? —dijo Sumaya.

—Sí, es mi hermano y mi amigo y mi padre, es todo para mí en esta vida, muchas veces temo que se enamore y se case y que nuestra relación cambie pero luego aparto esos pensamientos de mi cabeza y le deseo toda la felicidad del mundo —dijo Safiya.

—Que Dios os mantenga siempre juntos —dijo Sumaya.

—Amén... Mira, como hoy llegué tarde voy a hacer algo rápido, pasta y escalope empanado y ensalada, y la ensalada te toca a ti, aquí tienes las cosas —dijo Safiya.

—¿Qué es eso, hija? ¿Mi ayuda va a ser hacer la ensalada? —dijo Sumaya.

—Claro, es que a Seif le encanta y a mí no me apetece nada ponerme a picar todo eso, venga y si Dios quiere en media hora todo estará listo, ya dejé cosas preparadas antes de salir —dijo Safiya.

—Vale, como quieras —dijo Sumaya.

—Échale mucho pimiento porque al señor le gusta picante —dijo Safiya.

Todavía iba a contestarle cuando sonó el timbre de la puerta.

—Ya llegó, ya llegó, espera que le abro y vuelvo contigo —dijo Safiya.

Asentí con una sonrisa y me quedé callada y me quedé pensativa, ¿acaso yo también tengo hermanos y estamos tan unidos así o estamos distanciados? ¿O estoy sola? Volví en mí con la voz de Safiya.

—Ven, Seif, te presento a Sumaya... Sumaya, este es Seif, mi hermano —dijo Safiya.

—Bienvenida, nos iluminas con tu presencia, Sumaya —dijo Seif sonriendo.

—Gracias y perdón por todo el lío que os causé —dijo Sumaya con timidez.

—No digas eso, no hay ningún lío —dijo Seif.

—No le hagas caso, desde que me vio no hace más que decirme perdón o decirme gracias, no dice otra cosa, al final parece que voy a tener que pegarle para acabar —dijo Safiya.

—Parece que soy yo el que te va a dar un collejón que te pegue a la pared, ¿otra vez haces pasta y escalope empanado? 😡 —dijo Seif.

—Ahí lo tienes, bestia, ¿qué pasa? Si acabo de volver hace un ratito, ¿qué quieres que haga? 😂 —dijo Safiya.

—Chica, ya no como otra cosa, estoy harto, qué fastidio, ¿para qué voy al gimnasio a quemar qué? ¿Dos trozos de escalope empanado? 🤨 —dijo Seif.

—Que sean tres 😂 —dijo Safiya.

—Te voy a dar una lección, por Dios —dijo Seif.

—Vale ya, mi prestigio está por los suelos, el día libre te lo compenso —dijo Safiya.

—Como las vacaciones pasadas cuando dijiste que estabas cansada y nos pediste pizza, ¿verdad? —dijo Seif.

—No, no, qué va, estas vacaciones te lo compenso —dijo Safiya.

Seif miró a Sumaya... —¿Te parece bien lo que me está haciendo? —dijo Seif.

—No, sinceramente no me parece bien —dijo Sumaya sonriendo.

—Chica, que yo soy tu amiga, je, concéntrate, ¿te has confundido o qué? —dijo Safiya.

—Que sí estoy concentrada —dijo Sumaya.

—Vale, os ponéis de acuerdo contra mí, pues nada, cada uno dos escalopes empanados y nada más, y yo me quedo con cuatro, el doble —dijo Safiya.

—¿Cómo? —dijo Seif.

—Te doy el plato entero, jefe, y nosotras comemos pasta y ensalada, ¿contento? —dijo Safiya.

—Se dice que tú sola vas a comer pasta y ensalada y Sumaya y yo nos vamos a comer los escalopes empanados, ¿eh? —dijo Seif.

—La ley del más fuerte, vale, vale, no pasa nada —dijo Safiya.

No supe cómo pasó el tiempo con ellos sin pensar en nada, me hacían reír mucho. Seif era alto, corpulento y guapo, pero imponía respeto. Trabajaba como ingeniero en su propio despacho con un grupo de amigos... Y al cabo de unos días Seif me propuso que buscaran en los Hospitales cualquier accidente ocurrido el mismo día en que Diab me encontró y en las Comisarías cualquier denuncia de desaparecidos de ese mismo día y efectivamente Safiya se encargó de los Hospitales y él de las Comisarías.

Y yo pasaba el tiempo en casa entre pensar en el mañana y la cocina, en la que descubrí que era buenísima.

Pasaron dos meses sin que ocurriera nada nuevo, salvo que me encariñé muchísimo con ellos y conocí a Am Mohsen, era un hombre muy bueno que tenía una librería en el centro. Y un día decidí plantearles lo que me rondaba la cabeza.

—Safiya, quiero hablar contigo de una cosa —dijo Sumaya.

—¿Y por qué tan seria, qué pasa? —dijo Safiya.

—Sinceramente, quiero trabajar —dijo Sumaya.

—¿Trabajar cómo? ¿Es que te hemos molestado en algo? —dijo Safiya.

—No, te lo juro, para nada, es solo que no me gusta estar así sin hacer nada, me aburrí, y además tú siempre me dices que deje de darle vueltas a la cabeza, pero si estoy desocupada y tengo tiempo libre es normal que piense, entonces debería ocupar ese tiempo, ¿no crees? —dijo Sumaya.

—Tienes razón, pero ¿en qué vas a trabajar? No tienes ningún papel que te identifique, Sumaya —dijo Safiya confundida.

—Pues busqué e investigué y vi que puedo sacar unos papeles provisionales con el informe que me dieron en el Hospital antes de salir —dijo Sumaya.

—¿Cómo es eso? —dijo Safiya.

—Créeme que se puede, ¿qué me dices? —dijo Sumaya.

—Se lo preguntaremos a Seif y veremos cómo va lo de esos papeles y después vemos lo del trabajo, ¿de acuerdo? —dijo Safiya.

—¡De acuerdo! —dijo Sumaya con entusiasmo.

Estaba muy entusiasmada, le di muchas vueltas a mi vida pasada hasta que me cansé de pensar y decidí dejarlo todo como viniera, seguro que Dios me depararía lo mejor. Y efectivamente cuando llegó Seif y se lo dije me dijo que preguntaría por lo de los papeles y me respondería lo antes posible y después o bien empezaría a trabajar con Am Mohsen en la librería o con él en el despacho y no sé por qué me alegré y me ilusioné más por ir con él y mi sonrisa creció mientras me imaginaba a diario con él en casa y en el trabajo, pero volví en mí con una pregunta que me hacía a mí misma: ¿acaso había amado antes de perder la memoria? Ese día le di muchísimas vueltas a esa pregunta y me dormí después de sentir un fuerte dolor de cabeza que hacía tiempo que no me daba.

Al día siguiente ellos salieron y yo empecé a ordenar la casa y a preparar la comida y al cabo de dos horas oí que sonaba el timbre.

—¡Sí, ya voy...! ¿Es usted? —dijo Sumaya.

—Me hiciste falta —dijo Diab sonriendo.

—¿Cómo? ¿Cómo supo dónde estoy? —dijo Sumaya.

—Tú no te has apartado de mis ojos ni un instante, Sumaya —dijo Diab.

—¿Qué pasa exactamente? ¿Qué quiere de mí? —dijo Sumaya molesta.

—Te quiero a ti, entera, que seas mía —dijo Diab.

—No, ya te has pasado demasiado, vete y ojalá no te vuelva a ver la cara nunca —dijo Sumaya enfadada.

Iba a cerrar la puerta cuando lo vi empujarla y entrar.

—No me iré sin ti, yo... yo no me creo que haya tenido una segunda oportunidad, no me creo que estés conmigo otra vez, ¿por qué quieres privarme de ti, Noha, por qué quieres alejarte otra vez? —dijo Diab.

—¿Segunda oportunidad cómo? ¿Es que usted me conoce? ¿No dijo que me encontró tirada en la carretera? ¿Y quién es Noha? —dijo Sumaya mientras retrocedía asustada.

—Ven, vamos a nuestra casa y allí te lo explico todo, venga, ven conmigo, cariño, no tengas miedo —dijo Diab.

Iba a responderle cuando oí la voz de Mohsen.

—¿Ir contigo adónde? ¿Y tú quién eres siquiera? —dijo Mohsen.

—No es asunto tuyo, viejo —dijo Diab con el ceño fruncido.

—¡Ayúdeme, Mohsen, no sé qué quiere de mí, ayúdeme, no me deje! —dijo Sumaya asustada.

—No tengas miedo, él se va a ir tranquilamente ahora —dijo Mohsen.

—¿Como si te tuviera miedo o qué? —dijo Diab.

—No, sobre la base de que antes de entrar mandé al portero a buscar a unos hombres cuando sospeché que algo no iba bien y ya deben de estar subiendo —dijo Mohsen.

Diab apretó los puños con rabia y volvió a mirarme.

—Me voy ahora, pero la próxima vez que venga a por ti vendrás conmigo a la fuerza y nadie podrá impedírmelo, ¿me oyes? Pase lo que pase. Adiós, cariño —dijo Diab.

En cuanto salió, me derrumbé llorando y, cuando Mohsen no logró calmarme, llamó a Safiya y a Seif y en poco tiempo los dos estuvieron a mi lado.

—Toma, cariño, bebe este zumo de limón, te calmará un poco los nervios —dijo Safiya.

—¿Cómo se te ocurre abrir así sin preguntar quién es ni mirar por la maldita mirilla? ¿O es que está de adorno en la puerta? —dijo Seif.

—Tranquilo, Seif, bastante tiene ya —dijo Safiya.

—¿Tranquilo qué? ¡Y una mierda tranquilo! Si no llega a creerse la mentira de Mohsen y a irse, Dios sabe qué habría pasado, y ahí lo tienes, le ha dicho que volverá —dijo Seif con rabia.

—Lo siento, y-yo me iré y... —dijo Sumaya llorando.

—Sumaya, no me hagas enfadar más de lo que ya estoy contigo. ¿Irte adónde? No vas a salir de aquí —dijo Seif.

—Seif, cálmate ya, la estás asustando más —dijo Safiya.

Seif respiró hondo y habló con voz más calmada: —No te enfades, es que me preocupé por ti, perdóname.

—No estoy enfadada —dijo Sumaya.

—Ya se nota —dijo Seif.

—Bueno, ya está, gracias a Dios nos hemos librado. Lo importante es qué vas a hacer ahora, Seif —dijo Mohsen.

—Tengo un amigo de la oficina cuyo primo es oficial y le había pedido que le preguntara por lo de los papeles. Lo llamaré ahora y haré que nos averigüe la historia de ese tal Diab, pero necesito su nombre completo —dijo Seif con un suspiro.

—No sé nada más que se llama Diab y ya —dijo Sumaya.

—Yo puedo conseguir su nombre completo en el Hospital —dijo Safiya.

—Perfecto, venga, llama y consigue el nombre rápido, quiero saberlo todo como muy tarde mañana por la mañana —dijo Seif.

Y efectivamente ese mismo día Seif supo su nombre completo y se lo dijo a su amigo, insistiendo en que necesitaba esa información con urgencia para mañana, y su amigo le prometió que haría lo que pudiera.

Al día siguiente su amigo lo llamó y le dijo que su primo quería verlo en persona y Seif bajó a encontrarse con él, y Safiya y yo nos quedamos esperando sobre ascuas y después de tres horas de espera, miedo y angustia llegó Seif y la expresión de su rostro no auguraba nada bueno; al verlo no pude articular palabra ni preguntarle.

—¿Qué noticias hay, Seif? Tranquilízanos, por favor —dijo Safiya.

Seif no respondió.

—S-Seif, no me digas que lo conozco o que tengo algo que ver con él —dijo Sumaya llorando.

—¿Puedes calmarte y dejar de llorar? Todavía no he dicho ni una palabra y ya estás llorando —dijo Seif.

—Pues habla y explícanos, por Dios —dijo Safiya.

—Tranquila, Sumaya, no tienes nada que ver con él —dijo Seif.

—¿De verdad? ¿Seguro? —dijo Sumaya.

—Sentaos primero, porque el tema es largo y complicado y aunque no tengas relación directa con él, por desgracia tu vida corre grave peligro desde el día en que te vio —dijo Seif.

—¿Peligro cómo? ¡No entiendo! —dijo Sumaya.

—Cuando me encontré con Khaled, el oficial pariente de Mohamed, mi amigo, me pidió que primero le contara por qué preguntaba por Diab. Le conté todo lo relacionado contigo y que no entendíamos si realmente te conocía o qué pasaba exactamente. Khaled se quedó callado un rato, como reuniendo sus ideas, y luego empezó a hablar —dijo Seif.

Flashback.

—Mira, Seif, si no supiera que eres una persona de confianza no hablaría contigo de algo así y para ser sincero contigo sospecho algo concreto que, si resulta ser cierto, quizá pueda aprovechar la ayuda de Sumaya y habrá hecho un gran servicio al país —dijo Khaled.

—No entiendo nada —dijo Seif extrañado.

—Te lo explico... Llevamos un año trabajando en un caso importante de tráfico de armas y lavado de dinero y el nombre principal en él es Diab Aziz y cada vez que conseguíamos un hilo, por desgracia, lo perdíamos: una vez reclutábamos a alguien y él se enteraba y lo mataba, otra caían en nuestras manos papeles importantes y antes de recibirlos desaparecían ellos y la persona que nos los iba a entregar. Un año dando vueltas sin resultado porque es una persona muy cautelosa y muy inteligente —dijo Khaled.

—¿Y después? —dijo Seif.

—Diab estuvo casado con su prima, una chica llamada Noha, a la que adoraba y que era su único punto débil, y hace cinco años enfermó de cáncer y estuvo seis meses en tratamiento, la llevó a más de un país y no hubo resultado, la enfermedad se extendía por su cuerpo rápidamente y al séptimo mes falleció. Entonces Diab desapareció dos meses enteros, nadie sabía dónde estaba ni qué hacía, se decía mucho que se había derrumbado y que estaba recibiendo tratamiento psicológico en clínicas del extranjero y se decía que simplemente estaba deprimido y encerrado en sí mismo, y después de esos dos meses regresó y retomó su trabajo y desde entonces ninguna mujer ha entrado en su vida, ni siquiera por una noche —dijo Khaled.

—¿Quieres decir que...? —dijo Seif con desconfianza.

—Quiero decir que es muy probable que Sumaya se parezca a Noha y por eso cuando la encontró no la llevó al Hospital y no sería raro que en ese accidente Sumaya estuviera acompañada de alguien y Diab se deshiciera de él, pero no contaba con que saliera del Hospital con tu hermana y lo seguro es que está tramando algo grande y bien atado para volver a llevarse a Sumaya con él —dijo Khaled con seguridad tajante.

Regreso.

—Seif... y al final me pidió venir mañana y hablar contigo personalmente, Sumaya.

Sumaya...